New York Fashion Week: continúa el reinado del 'power suit'

/ 11:39 p. m.
Por Jen

Fotos: Fashionista y Vogue
Como cada año, la Semana de la moda de Nueva York llegó y se fue, con su seguidilla de desfiles repartidos por toda la ciudad, los cientos de fotógrafos agolpados en todas las esquinas y otra cantidad de detalles que tal vez les contaré más adelante en otro post. Con Nueva York arranca un mes frenético de desfiles y eventos que las editoras de moda de todo el mundo siguen al detalle, y que nosotros seguimos desde nuestras pantallas con atención (con excepción de algunas felices ocasiones en las que podemos asistir). Y esta vez, la temporada de definir las tendencias para la primavera de 2020 empezó con un contendor muy fuerte: el power suit.

Desde hace varias temporadas ven
imos viendo una presencia muy importante del traje femenino en las diferentes propuestas de los diseñadores, pero esta vez el traje estuvo presente en la mayoría de las colecciones que reseñamos y con una diferencia muy interesante: las botas de los pantalones. En los últimos dos años, el traje ha sido importante en el vestuario femenino (recordándonos ese 'power suit' de los años 70 con el que las mujeres reclamaban ser tomadas en serio en las oficinas) y presentado con pantalones de bota recta o incluso aquellos que terminan en el tobillo. Esta vez, los pantalones de bota ancha (hola otra vez, años 70) hacen una reaparición de la que yo estoy enamorada. También hubo mucho amarillo (otra cosa que me encanta), y muchos mensajes políticos, además de una mezcla entre 'business casual' y 'florals for spring' que funciona mucho. En este post les mostramos nuestros favoritos.

Marc Jacobs 
O sea, ustedes saben que yo no soy imparcial con él. Sin embargo, desde el año pasado, mi querido Marc se viene reivindicando después de un par de temporadas en las que parecía no encontrar su musa. Y para la primavera del 2020 no solo propuso un sinfín de tendencias vibrantes e inteligentes, sino que además le dio en el corazón a los asistentes con una triste coincidencia: su show en 2001 fue exactamente la noche anterior de la tragedia de las Torres Gemelas, en Nueva York. En este desfile, 18 años después, Marc dedicó su show a los que ya no están.


    "Una celebración de vida, optimismo, felicidad, indulgencia, sueños y un futuro incierto mientras continuamos aprendiendo de nuetsro pasado y la historia de la moda". Y vaya que celebró la moda. Marc presentó una colección con amarillos, verdes, azules y estampados todos mezclados en arcoiris de color y representados en vestidos de gran volumen para esa mujer estridente que todas queremos ser.

Longchamp
No es muy común que una marca de marroquinería presente una colección llamativa y coherente, pero cuando tienes una directora creativa como Sophie Delafontaine, quien llevó a la marca al icónico Lincoln Center de la ciudad de Nueva York a la mitad de la tarde para mostrar una colección que se inspiró en todos los colores del sol, desde el amanecer hasta la puesta. Lo más cuiroso de todo es que aunque la referencia fuera obvia, en este caso todo fue muy sutil. Hubo por ejemplo, muy pocas tonalidades amarillas, y si muchas azules, cafés y rosa... simbolizando el color del cielo al ponerse el sol.




En materia de siluetas, todo fue una oda a la femineidad, con vestidos estampados, faldas plisadas y la ocasional pieza hecha de cuero que, aunque poco coherente con la primavera, pero totalmente en línea con la esencia de la marca. Una de los puntos más altos, por supuesto los bolsos 'mini' que acompañaron casi todos los looks, que casi que hacen olvidar la decisión de Sophie de crear zapatos que se parecen a los ínfames 'tenis-medias' de Balenciaga.

Tory Burch 
Cuando vi esta colección pensé en Melissa para la mitad de los looks. Y también pensé en Blair Waldorf y todas las mujeres 'girly' que conozco. Pero también pensé en mi, que normalmente no comulgo con el exceso de femineidad en las piezas de Tory Burch. Por eso incluí esta colección aquí, porque tiene un balance perfecto de flores, femineidad y 'chica cool'. Esa que se pone un vestido estampado con tenis y de pronto si hace frío le pone una chaqueta de cuero. Hubo pantalones al tobillo, otros de bota ancha, lazos gigantes y lunares, muchos lunares. Y estamos aquí para verlo.




Ralph Lauren 
Cuando se trata de glamour norteamericano, nadie lo hace mejor que Ralph Lauren. También es que nadie más puede darse el lujo de presentar una colección atrás de lo que lo hace todo el mundo (la marca presentó Otoño-Invierno 2019 en vez de Primavera 2020). Para esta ocasión, Ralph Lauren decidió convertir su pasarela en un elegante club al mejor estilo de los años 20 y 30 y pidió a sus invitados un estricto código de vestuario en blanco y negro, que Eva Chen decidió seguir con una SUDADERA de Marvel comprada en Target (no, no lo voy a superar nunca).




En la colección, fue la versión glamurosa del 'power dressing', con sus modelos envueltas en esmóquin con diferentes colores de chaquetas, y enterizos que derivan de esa silueta. Hubo también, por supuesto, vestidos fabulosos de noche, que esperamos alguien se ponga en la próxima temporada de premios, pero lo más novedoso de la noche fue ver a las mujeres llevando la elegancia en el pantalón.

Cristian Siriano
Otra de las cosas maravillosas en las que está haciendo avances la moda es en la inclusión. Y lo hace de la mano de creadores como Cristian Siriano, uno de los pioneros en llevar modelos de todas las tallas a sus pasarelas, mostrando que la moda puede y debe ser para todos. En esta ocasión. Siriano llevó a la artista plástica Ashley Longshore para que retocara algunos de sus cuadros en la pasarela, mientras algunas de las modelos de estos mismos cuadros, como Coco Rocha, desfilaban.



Todo el desfile fue una oda a la extravagancia en tonos pasteles, toques de escarcha y mucho tul. Cristian viste a la mujer para el glamur y el poder, y por supuesto no olvidó el traje en medio de esa premisa, mostrándonos cómo se ve el traje en todas las tallas que no estamos acostumbrados tener en cuenta. Aplausos también para el 'styling' de esta pasarela, con un maquillaje estilo 'Euphoria' que grita originalidad. 

Brandon Maxwell
Igual que Cristian Siriano, Maxwell salió alguna vez de Project Runway y en los últimos años ha construido su nombre en las alfombras rojas y del brazo de celebridades como Lady Gaga. Lo que no habíamos visto hasta ahora, era el lado 'casual' del diseñador, un lado que por demás no muchos creadores exploran. En una de las colecciones más largas de NYFW, Brandon Maxwell mostró 67 looks entre los que se contaban opciones patra hombre y mujer, así como una buena cantidad de denim combinado con tops y prendas más glamurosas que hacían una gran combinación.



Mención especial a los looks de vestido largo con jeans, al mejor estilo de la vibra noventera que se ponían las chicas de mi colegio. Otra mención especial a las diferentes versiones del 'power suit' que también mostró en modo shorts (pensando en las más arriesgadas para el verano) y en los pantalones anchos que se robaron mi corazón.

Prabal Gurung
'¿A quién le corresponde ser americano?' fue la pregunta que se hizo Prabal Gurung, un diseñador inmigrante de Nepal que fue el encargado de hacer la declaración de moda y polìtica más clara del momento. Hace unos meses, el diseñador planeaba celebrar el décimo aniversario de su marca en el novedoso Hudson Yards, propiedad del millonario Stephen Ross, quien está organizando una serie de recaudaciones de fondos para Donald Trump, algo que claramente va en contra de los que Gurung piensa, así que evidentemente cambió de locación.



Y para su desfile, decidió hacer un recorrido por toda la tradición de costura norteramericana: "desde sporstwear a vestidos de noche", como él mismo lo dije. Y fue muy literal: la colección tuvo desde enterizos de inspiración utilitaria, pasando por la estrella de la temporada, el traje, y por supuesto, vestidos de noche coronados con flores y bandas de concursantes de belleza, al mejor estilo de Miss America.

Carolina Herrera
Cuando la diseñadora venezolana decidió dejar las riendas de su firma, muchos estuvieron preocupados porque la esencia de la marca se perdiera. Pero al ver el trabajo de Wes Gordon, esas dudas se disipan porque el diseñador ha sido el encargado de llevar un legado significativo para la moda, y al mismo tiempo introducir de a poco cambios que refrescan la marca. Vogue señaló, por ejemplo, la presencia de invitadas como Vannesa Hudgens y Angel B. Curiel, de Pose, como una muestra de lo diferentes que están siendo las áreas VIP de la casa.



La estética, sin embargo, sigue muy apegada a esa idea de femineidad que tanto defendió Carolina Herrera, en una era en que el romanticismo en el vestir es una diferenciación necesaria entre el mar de 'sporstwear' que vemos ahora (hola Off-white y Vetements). Flores, lunares de gran tamaño y lazos de grandísimo tamaño fueron la premisa, acompañados de juveniles y refrescantes estampados tie-dye y la siempre infaltable camisa blanca.

Tom Ford
El nuevo director de la mesa directiva del CFDA entró a mandar con un claro mensaje: no se puede ser más neoyorquino. A pesar de que el diseñador de hecho nació en Nueva York, su carrera siempre se había direccionado más hacia Europa (de hecho ni siquiera tenía residencia en la Gran Manzana) y después de su nombramiento, se le pedía una declaración de pertenencia. Y ¿qué es más neoyorquino el metro? Exacto, nada.




Así que Ford se llevó a sus invitados a una estación de metro para mostrarles su nueva colección, que tiene todo eso que nos gusta de él pero en dosis moderadas a manera de compilación: siluetas estructurales (Ford es arquitecto de profesión), sexualidad explícita con moldes cromados en los pechos de las modelos y, por supuesto, trajes. Todo en una paleta envuelta de negro pero con fuertes acentos de fucsia, verde y azul, y maquillaje y peinados que gritan actitud de mujer fuerte y segura, dueña de la ciudad.

Esa es nuestra selección de la primera capital del 'fashion month'. Ahora siguen Londres y París, y tendremos reportes para ustedes.¡Atentos! 

Por Jen

Fotos: Fashionista y Vogue
Como cada año, la Semana de la moda de Nueva York llegó y se fue, con su seguidilla de desfiles repartidos por toda la ciudad, los cientos de fotógrafos agolpados en todas las esquinas y otra cantidad de detalles que tal vez les contaré más adelante en otro post. Con Nueva York arranca un mes frenético de desfiles y eventos que las editoras de moda de todo el mundo siguen al detalle, y que nosotros seguimos desde nuestras pantallas con atención (con excepción de algunas felices ocasiones en las que podemos asistir). Y esta vez, la temporada de definir las tendencias para la primavera de 2020 empezó con un contendor muy fuerte: el power suit.

Desde hace varias temporadas ven
imos viendo una presencia muy importante del traje femenino en las diferentes propuestas de los diseñadores, pero esta vez el traje estuvo presente en la mayoría de las colecciones que reseñamos y con una diferencia muy interesante: las botas de los pantalones. En los últimos dos años, el traje ha sido importante en el vestuario femenino (recordándonos ese 'power suit' de los años 70 con el que las mujeres reclamaban ser tomadas en serio en las oficinas) y presentado con pantalones de bota recta o incluso aquellos que terminan en el tobillo. Esta vez, los pantalones de bota ancha (hola otra vez, años 70) hacen una reaparición de la que yo estoy enamorada. También hubo mucho amarillo (otra cosa que me encanta), y muchos mensajes políticos, además de una mezcla entre 'business casual' y 'florals for spring' que funciona mucho. En este post les mostramos nuestros favoritos.

Marc Jacobs 
O sea, ustedes saben que yo no soy imparcial con él. Sin embargo, desde el año pasado, mi querido Marc se viene reivindicando después de un par de temporadas en las que parecía no encontrar su musa. Y para la primavera del 2020 no solo propuso un sinfín de tendencias vibrantes e inteligentes, sino que además le dio en el corazón a los asistentes con una triste coincidencia: su show en 2001 fue exactamente la noche anterior de la tragedia de las Torres Gemelas, en Nueva York. En este desfile, 18 años después, Marc dedicó su show a los que ya no están.


    "Una celebración de vida, optimismo, felicidad, indulgencia, sueños y un futuro incierto mientras continuamos aprendiendo de nuetsro pasado y la historia de la moda". Y vaya que celebró la moda. Marc presentó una colección con amarillos, verdes, azules y estampados todos mezclados en arcoiris de color y representados en vestidos de gran volumen para esa mujer estridente que todas queremos ser.

Longchamp
No es muy común que una marca de marroquinería presente una colección llamativa y coherente, pero cuando tienes una directora creativa como Sophie Delafontaine, quien llevó a la marca al icónico Lincoln Center de la ciudad de Nueva York a la mitad de la tarde para mostrar una colección que se inspiró en todos los colores del sol, desde el amanecer hasta la puesta. Lo más cuiroso de todo es que aunque la referencia fuera obvia, en este caso todo fue muy sutil. Hubo por ejemplo, muy pocas tonalidades amarillas, y si muchas azules, cafés y rosa... simbolizando el color del cielo al ponerse el sol.




En materia de siluetas, todo fue una oda a la femineidad, con vestidos estampados, faldas plisadas y la ocasional pieza hecha de cuero que, aunque poco coherente con la primavera, pero totalmente en línea con la esencia de la marca. Una de los puntos más altos, por supuesto los bolsos 'mini' que acompañaron casi todos los looks, que casi que hacen olvidar la decisión de Sophie de crear zapatos que se parecen a los ínfames 'tenis-medias' de Balenciaga.

Tory Burch 
Cuando vi esta colección pensé en Melissa para la mitad de los looks. Y también pensé en Blair Waldorf y todas las mujeres 'girly' que conozco. Pero también pensé en mi, que normalmente no comulgo con el exceso de femineidad en las piezas de Tory Burch. Por eso incluí esta colección aquí, porque tiene un balance perfecto de flores, femineidad y 'chica cool'. Esa que se pone un vestido estampado con tenis y de pronto si hace frío le pone una chaqueta de cuero. Hubo pantalones al tobillo, otros de bota ancha, lazos gigantes y lunares, muchos lunares. Y estamos aquí para verlo.




Ralph Lauren 
Cuando se trata de glamour norteamericano, nadie lo hace mejor que Ralph Lauren. También es que nadie más puede darse el lujo de presentar una colección atrás de lo que lo hace todo el mundo (la marca presentó Otoño-Invierno 2019 en vez de Primavera 2020). Para esta ocasión, Ralph Lauren decidió convertir su pasarela en un elegante club al mejor estilo de los años 20 y 30 y pidió a sus invitados un estricto código de vestuario en blanco y negro, que Eva Chen decidió seguir con una SUDADERA de Marvel comprada en Target (no, no lo voy a superar nunca).




En la colección, fue la versión glamurosa del 'power dressing', con sus modelos envueltas en esmóquin con diferentes colores de chaquetas, y enterizos que derivan de esa silueta. Hubo también, por supuesto, vestidos fabulosos de noche, que esperamos alguien se ponga en la próxima temporada de premios, pero lo más novedoso de la noche fue ver a las mujeres llevando la elegancia en el pantalón.

Cristian Siriano
Otra de las cosas maravillosas en las que está haciendo avances la moda es en la inclusión. Y lo hace de la mano de creadores como Cristian Siriano, uno de los pioneros en llevar modelos de todas las tallas a sus pasarelas, mostrando que la moda puede y debe ser para todos. En esta ocasión. Siriano llevó a la artista plástica Ashley Longshore para que retocara algunos de sus cuadros en la pasarela, mientras algunas de las modelos de estos mismos cuadros, como Coco Rocha, desfilaban.



Todo el desfile fue una oda a la extravagancia en tonos pasteles, toques de escarcha y mucho tul. Cristian viste a la mujer para el glamur y el poder, y por supuesto no olvidó el traje en medio de esa premisa, mostrándonos cómo se ve el traje en todas las tallas que no estamos acostumbrados tener en cuenta. Aplausos también para el 'styling' de esta pasarela, con un maquillaje estilo 'Euphoria' que grita originalidad. 

Brandon Maxwell
Igual que Cristian Siriano, Maxwell salió alguna vez de Project Runway y en los últimos años ha construido su nombre en las alfombras rojas y del brazo de celebridades como Lady Gaga. Lo que no habíamos visto hasta ahora, era el lado 'casual' del diseñador, un lado que por demás no muchos creadores exploran. En una de las colecciones más largas de NYFW, Brandon Maxwell mostró 67 looks entre los que se contaban opciones patra hombre y mujer, así como una buena cantidad de denim combinado con tops y prendas más glamurosas que hacían una gran combinación.



Mención especial a los looks de vestido largo con jeans, al mejor estilo de la vibra noventera que se ponían las chicas de mi colegio. Otra mención especial a las diferentes versiones del 'power suit' que también mostró en modo shorts (pensando en las más arriesgadas para el verano) y en los pantalones anchos que se robaron mi corazón.

Prabal Gurung
'¿A quién le corresponde ser americano?' fue la pregunta que se hizo Prabal Gurung, un diseñador inmigrante de Nepal que fue el encargado de hacer la declaración de moda y polìtica más clara del momento. Hace unos meses, el diseñador planeaba celebrar el décimo aniversario de su marca en el novedoso Hudson Yards, propiedad del millonario Stephen Ross, quien está organizando una serie de recaudaciones de fondos para Donald Trump, algo que claramente va en contra de los que Gurung piensa, así que evidentemente cambió de locación.



Y para su desfile, decidió hacer un recorrido por toda la tradición de costura norteramericana: "desde sporstwear a vestidos de noche", como él mismo lo dije. Y fue muy literal: la colección tuvo desde enterizos de inspiración utilitaria, pasando por la estrella de la temporada, el traje, y por supuesto, vestidos de noche coronados con flores y bandas de concursantes de belleza, al mejor estilo de Miss America.

Carolina Herrera
Cuando la diseñadora venezolana decidió dejar las riendas de su firma, muchos estuvieron preocupados porque la esencia de la marca se perdiera. Pero al ver el trabajo de Wes Gordon, esas dudas se disipan porque el diseñador ha sido el encargado de llevar un legado significativo para la moda, y al mismo tiempo introducir de a poco cambios que refrescan la marca. Vogue señaló, por ejemplo, la presencia de invitadas como Vannesa Hudgens y Angel B. Curiel, de Pose, como una muestra de lo diferentes que están siendo las áreas VIP de la casa.



La estética, sin embargo, sigue muy apegada a esa idea de femineidad que tanto defendió Carolina Herrera, en una era en que el romanticismo en el vestir es una diferenciación necesaria entre el mar de 'sporstwear' que vemos ahora (hola Off-white y Vetements). Flores, lunares de gran tamaño y lazos de grandísimo tamaño fueron la premisa, acompañados de juveniles y refrescantes estampados tie-dye y la siempre infaltable camisa blanca.

Tom Ford
El nuevo director de la mesa directiva del CFDA entró a mandar con un claro mensaje: no se puede ser más neoyorquino. A pesar de que el diseñador de hecho nació en Nueva York, su carrera siempre se había direccionado más hacia Europa (de hecho ni siquiera tenía residencia en la Gran Manzana) y después de su nombramiento, se le pedía una declaración de pertenencia. Y ¿qué es más neoyorquino el metro? Exacto, nada.




Así que Ford se llevó a sus invitados a una estación de metro para mostrarles su nueva colección, que tiene todo eso que nos gusta de él pero en dosis moderadas a manera de compilación: siluetas estructurales (Ford es arquitecto de profesión), sexualidad explícita con moldes cromados en los pechos de las modelos y, por supuesto, trajes. Todo en una paleta envuelta de negro pero con fuertes acentos de fucsia, verde y azul, y maquillaje y peinados que gritan actitud de mujer fuerte y segura, dueña de la ciudad.

Esa es nuestra selección de la primera capital del 'fashion month'. Ahora siguen Londres y París, y tendremos reportes para ustedes.¡Atentos! 

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Por Meli.
Todo el que está interesado en las últimas tendencias de moda sabe que el más reciente objeto del deseo es la micro-cartera (mini bags o micro bags, en inglés), lideradas por la miniatura firmada por Jacquemus y lanzada el verano pasado: Le Chiquito, que más que una cartera —seamos realistas— parece un juguete.

Por Jen


Detalle de la colección Caprice, de Johanna Ortiz. Foto: Inexmoda
La semana pasada vimos culminar una nueva edición de Colombiamoda. Esta vez, la número 30 (en la que no pudimos estar por cuestiones de lejanía y bolsillo), que trajo una cantidad de contenido de remembranzas por parte de quienes han estado participando en la feria durante mucho tiempo, como el profesor William Cruz, quien nos dejó una colección de fotos maravillosas en su cuenta de Twitter desde los inicios hasta el presente del evento.

By Jen


It was over a month and a half that we sat down to tweet about the first Monday in May, the utterly famous Met Gala. And yet I cannot believe that it took me so long to write about it, even more, when I already visited the exhibition and we showed you all about on Instagram (if you haven't seen it, go to our profile and look for the highlighted story called Camp). However, because we still have until September 8th and we know there are people planning to come to New York for the summer (or not, but you still want the tea), we bring you a more in-depth review. 

Like you already know, Camp: Notes on Fashion is the 2019 exhibition that corresponds with the annual exhibition developed by the Costume Institute of the Metropolitan Museum of Art or MET, as we like to call it. Among other topics, the exhibition has explored the work of Schiaparelli and Prada, Charles James and Alexander McQueen, as well as more broad subjects such as the application of technology in fashion or, like with the record-breaking most ambitious exhibition in the museum's history, the catholic imagination. For this year, the MET and its team of curators (directed by the famous Andrew Bolton) decided that this year's exhibition theme would be Camp, with the essay Notes on Fashion essay, by Susan Sontag, as a starting point. Camp: Notes on Fashion is the museum's perspective that studies the artifice and the exaggeration of this aesthetic to translate it to the garments, and for the first time, makes a total hit of translating all of this academic theory into the museum.

Left: Balenciaga, 1952. Right: Thierry Mugler Haute Couture, 1995

In our post of last year's exhibition, Heavenly Bodies, we talked about how one's perspective can change thanks to preparation and careful study. When Melissa and I visited our first MET exhibition, Manus Ex Machina in 2016, we spent hours admiring the exquisite quality of the pieces, the intricate work of the garments and how related they were to the theme. We were not concerned about logistic aspects, lighting, the insights from the curatorial labor, mostly because we were unable to identify them. For last year, after a year of a master in Fashion Studies, everything changes, and that translated into our review, which was not the most positive for an exhibition that aimed to be mainstream and lost all the substance and seriousness. With Camp, the experience was completely different.

The entrance of the exhibit: Pink Camp.
The first thing to say about Camp is that is the first time in a long time that the museum chooses a topic highly talked and studied in academia as the key bone of the exhibition, something that I cannot remember happening before (I can't find evidence of this). The closest to a cultural exploration has been China Through the Looking Glass and that exhibition was highly criticized, and please let's not talk about Heavenly Bodies because I will lose it: an exhibition that the Vatican pretty much bought into being all about the Catholic Church and ended up being a bunch of pieces that did not make much sense together.

With Camp, the tone was set lower (a complete irony, given the theme), but it was a smart move because the theme is not exactly suitable for masses. The exhibition is located in the Iris and B. Gerald Cantor Gallery, in the west wing od the museum, and it's an explosion of exaggeration, just like Camp preaches. However, given the theoretical weight of the concept, ample illustration was required. And the MET certainly delivered. The design of the exhibition starts with a strong clarification: Sontag did not invent Camp (there are people thinking she did) nor was this a concept that was born close to the essay that sustains the exhibit. In big blocks of text that are absolutely worth reading, the museum explains the transition and transformation of the concept, from the Century 2 BC.

Representation of Frederick 'Fanny' Park and Ernest 'Stella'
Boulton, who got confiscated 'drag costumes' in 1870


Camp, according to what is explained along the way, is a concept that was defined in the 20th century but has much deeper roots. The team at the Costume Institute placed this origin in the concept of the Beau Ideal, in the 19th century, when the first notions of the masculine ideal were starting to spread and this developed in the ideas of love between men and the exaggerated poses of the gender's aesthetic. The exhibition starts then to divide into four different sections: ´Camp as a as an aesthetic for French royalty (men who used the expression 'Se Camper' as an instruction to pose in an over-the-top way), the link between the idea of Camp and homosexuality (exploring gay authors such as Oscar Wilde and dressing 'him' in Camp); the concepts of High and Low Camp from Christopher Isherwood and, finally, the notes by Sontag. In the last section of these 'galleries' with information, the museum picked notes of the essay and linked them with pieces of the exhibition, from different eras and from the universe of clothing and interior decoration.

Oscar Wilde, photographed by Napoleon Sabony, 1882. Recreation of costumes
with a faux fur jacket by Gucci.

The notions of high and low camp, by Isherwood, frame the 'queer'
aesthetic in the group of low camp, and the sailor as a symbol of that aesthetic, in the 1940s.
Sontag had to be there, of course.
In the links with the notes by Sontag, there's place for the literal: "Camp is a woman walking in a dress with a thousand feathers". The dress is Balenciaga, fall 1965

After a concept with an important weight that, I insist, is totally worth reading, the exhibition goes to a big hall with more Camp quotes in which we can see, among others, the vintage Mugler that Cardi B wore at the Grammys, and this all leads to the main gallery of the exhibition: a hall with multicolored 'windows' that offer a very psychedelic vision of the space, nothing more camp. In there, the designs were group into "18 premises that communicate aspects of the camp sensitivity", each garment with a quote or explanation of why they're associated in each group. In there, we find designs by Moschino (both from Franco Moschino and Jeremy Scott, who found the perfect niche to be praised), Burberry, Paul Poiret, Mary Katranzou and Bob Mackie, among many others, all echoing the theatrics and expression of camp, with designs so flamboyant like the famous flamingo head that is the image of the ads (from Bertran Guyond for Schiaparelli), the swan dress that Bjork made famous, designed by Marjan Pejoski (which by the way was in very poor condition, and indication that the conservation team found it an even worst state) and some others less mainstream designers such as Walter van Beirendonck, Belgium, Michael Travis, American or Manish Arora, Indian.


General views of the main hall.
Left: Mary Katranzou, spring 2011. Right: Paul Poiret, 1912

Left: Walter van Beirendonck, fall 2001. Right: Commes des
Garcons, spring 2018
That very balanced mix of known names and more independent designers is one of the aspects that, in my opinion, nurture the content of Notes on Fashion. Last year we criticized this aspect because it felt like the mainstream replica of New York Fashion Week without a logical explanation, but this time they gave it a better order, a more serious tone and they made sense of most of the designers in the exhibit, which is a notion flexible and malleable enough to make very little off-limits.


The Camp sensibility is one that is alive in the double sense in which things can be seen", says this section, with 'optical illusion' dress by de Chloé, fall 1983 (left) and Gucci, resort 2018 (right)

Romance Was Born (Australia), spring 2015

Design by Bob Mackie, Cher's longtime costume designer
Now, when I say some of the designers were justified... that's when my first complaint comes because many names still have not too many reasons to be there. Last year, for one of my classes, I was part of a field trip to the archive of the Costume Institute and talked to the conservators, who showed us some of the pieces that would be part of this year's exhibition (we couldn't take photos for obvious reasons). They did not say anything but almost everything was Gucci, which made me think that they already had a topic in mind (Vanessa Friedman has said that Andrew Bolton is "obsessed with Camp) and they just looked for pieces that fit. No big deal, one might say, but then months after that, when the museum announced the theme, it was also announced that Gucci was going to be the sponsor and that Alessandro Michele would be one of the co-chairs. It was as if Gucci was buying its own exhibition like Dolce & Gabbana did last year. Just to be clear, I'm not implying that Gucci does not fit into the concept of Camp, but it would be interesting to ask whether we would've seen as much of the brand if it wasn't due to its financial involvement here. Of course, it is naive to think that these contributions are not the angular piece of these type of exhibitions, but it certainly places a shadow on the real motifs of it.

Deirdre Hawken, 'Cauliflower', 2013

Yep, this Gucci loafer is also camp (according to the MET)
And there you go... long, but that is my only complaint about Camp. The exhibition is thoroughly curated, with a mix of 'unknown' exciting designers, and a sample of the most extravagant that fashion has to offer. It has color, couture, independent design and good design of the spaces (although the music is still too loud), but most importantly: Camp has substance. As fashion enthusiasts, academics or not, it is important that we address the importance of any fashion project based on the seriousness of the sources, facts, and history. There are those who think this is boring, and this exhibition proves them wrong. This year, the MET showed us that you can craft a project with weight, color and shine to appeal all types of audiences.

Por Jen


Hace ya un mes y medio que nos sentamos a tuitear sobre el primer lunes de mayo, la tan conocida y amada Gala del Metropolitan Museum of Art o MET, como se conoce en todo el mundo. Y sí, no puedo creer que hasta ahora, mes y medio después, esté escribiendo de ello. Más aun porque hace mes y medio visité la exhibición por primera vez y se las mostramos en Instagram (si no la han visto, vayan a nuestro perfil y busquen la historia destacada que se llama Camp), pero como todavía tenemos hasta el 8 de septiembre, y sabemos que hay muchos que tienen a Nueva York en sus planes de verano (o no, pero todavía quieren el chisme), les traemos una reseña más en detalle.

Como saben, Camp: Notes on Fashion es la exhibición 2019 correspondiente a la muestra que cada año realiza el Costume Institute del Metropolitan Museum of Art. Entre otras temáticas, las exhibiciones se han centrado en el trabajo de Schiaparelli y Prada, Charles James y Alexander McQueen; pero también en temáticas más amplias como la aplicación de la moda en la tecnología y, en lo que fue su exhibición más visitada y ambiciosa hasta la fecha, la imaginación católica. Para este año, el MET y su equipo de curadores (dirigidos por el famoso Andrew Bolton) decidieron que la temática de la exhibición sería la estética Camp, teniendo como punto de partida el ensayo 'Notes on Camp', que publicó la escritora estadounidense Susan Sontag en 1964. Camp: Notes on Fashion es la perspectiva del museo en una estética que abraza el artificio y la exageración para traducirla al vestuario, y por primera vez logra con éxito traducir el mundo académico a la exhibición.

Izquierda: Balenciaga, 1952. Derecha: Thierry Mugler Haute Couture, 1995


En nuestro post de la exhibición del año pasado, Heavenly Bodies, hablamos un poco de cómo es posible que la perspectiva sobre una exhibición de moda cambie con la preparación y el estudio. Cuando Melissa y yo visitamos nuestra primera exhibición del MET, Manus Ex Machina en 2016, nos dedicamos a admirar la exquisitez de las piezas, su dedicada elaboración y su pertinencia con el tema. Poco nos interesaron los aspectos logísticos, los guiños de la curaduría, porque no podíamos identificarlos con claridad. Para el año pasado, después de un año de Fashion Studies, todo cambió, y eso se reflejó en nuestra reseña, que no fue la más positiva para una exhibición que quiso ser demasiado 'popular' y a mi parecer perdió la sustancia y la seriedad. Con Camp, estoy muy feliz de reportar que la experiencia fue distinta.

La entrada a la exhibición: rosa y bien nutrida


Lo primero que hay que decir es que es la primera vez en mucho tiempo que el Costume Institute escoge una temática ampliamente discutida en la academia como el eje central de la muestra, algo que, hasta donde me llega la memoria (no encuentro registro del tema) yo no había visto. Lo más cercano a una exploración cultural había sido China Through the Looking Glass y esa exhibición fue ampliamente criticada, y ni hablemos de Heavenly Bodies que me va dando escozor: una exhibición que el Vaticano básicamente manipuló para que fuera toda sobre la religión católica y terminó siendo una colcha de retazos regada por todo el museo sin ningún hilo conductor.



Con Camp, el tono se redujo considerablemente (una ironía, teniendo en cuenta el tema), pero fue la mejor decisión. La exhibición está ubicada en la galería Iris and B. Gerald Cantor, en el ala oeste del museo, y es una explosión de ese artificio y exageración que defiende el concepto de Camp. Sin embargo, dado el peso teórico del concepto (que te explicamos a profundidad aquí), era necesaria una ilustración amplia. Y ahí el MET cumplió. El diseño de la exhibición comienza con una aclaración certera: Susan Sontag no se inventó el Camp (hay muchos creyendo que sí) y tampoco es un concepto que haya nacido de forma paralela al ensayo que es la base de la muestra. En textos largos pero que vale absolutamente la pena leer, se explica la transición y transformación del concepto, desde el siglo II antes de Cristo.

Representación de Frederick 'Fanny' Park y Ernest 'Stella'
Boulton, a quienes se les fue confiscado "vestuario drag" en 1870


Camp, según nos explica el recorrido, es un concepto que se definió en el siglo 20, pero que tiene raíces mucho más profundas. El equipo del Costume Institute situó este origen en el concepto del 'Beau Ideal', en el siglo XIX, cuando se empezaron a dibujar las nociones del ideal masculino perfecto y esto dio paso a ideas sobre amor entre hombres y las poses exageradamente estéticas del género. La exhibición comienza entonces a dividirse en cuatro secciones más: Camp como estética en el mundo de los reyes franceses (que usaban la expresión 'Se Camper' como instrucción para posar de manera exagerada), la relación de la idea de Camp y la homosexualidad (pasando por autores gay como Oscar Wilde y 'vistiéndolo con su idea de Camp); los conceptos de High Camp y Low Camp de Christopher Isherwood y, finalmente, las notas de Sontag. En esta última sección de las galerías 'con sustancia' de la exhibición, se escogieron notas del ensayo y se asociaron con ciertas piezas de la exhibición de distintas èpocas y universos del vestuario y la decoración.

Oscar Wilde, fotografiado por Napoleon Sabony, 1882. Recreación de
vestuario con una chaqueta de piel sintética de Gucci.

Las nociones de alto y bajo camp, de la mano de Isherwood, agrupan la estética 'queer'
en el concepto de bajo camp, con el marinero como símbolo de esa estética, en la década del 40
No podía faltar, por supuesto, el homanaje a Sontag.
En las asociaciones de las notas de Sontag no falta la literalidad: "camp es una mujer con un vestido
lleno de plumas". El vestido es de Balenciaga, otoño 1965

Después de un contexto con peso que, insisto, vale la pena leer, el recorrido pasa por un corredor con más citas de Camp en las que podemos ver, entre otros, el Mugler vintage que se puso Cardi B en los Grammy, y llega al salón principal de la exhibición, una sala con 'vitrinas' de muchos colores que ofrecen una visión sicodélica y colorida del espacio, nada más camp. Allí, los diseños fueron agrupados "bajo 18 premisas que comunican aspectos de la sensibilidad camp", cada ensable con una explicación o cita de por qué están en dicho grupo. Allí encontramos diseños de Moschino (tanto de Franco Moschino como de Jeremy Scott, que encontró en esta exhibición su nicho perfecto para exhibirse), Burberry, Paul Poiret, Mary Katranzou y Bob Mackie, entre muchos otros, haciendo eco de la teatralidad y exageración del camp, con diseños tan llamativos como la cabeza de flamingo que adorna las piezas publicitarias de la muestra (de Bertrand Guyond para Schiaparelli), el vestido de cisme de Bjork, diseñado por Marjan Pejoski (que por cierto estaba bastante maltratado, se nota que el equipo de conservadores lo tuvo que haber rescatado en condiciones malucas) y otros menos mainstream como el belga Walter van Beirendonck, el estadounidense Michael Travis o el indio Manish Arora.

Vistas generales de la exhibición
Izquierda: Mary Katranzou, primavera 2011. Derecha: Paul Poiret, 1912

Izq: Walter van Beirendonck, otoño 2001. Der: Commes des
Garcons, primavera 2018
Precisamente esa mezcla balanceada de nombres y marcas populares con otras menos célebres es una de las características que, a mi juicio, hace más rica la composicion de Notes on Fashion. El año pasado habíamos criticado este aspecto porque se sintió como una réplica de la semana de la moda sin ninguna justificación, pero aquí al menos quisieron ponerle un poco de orden, un tono más serio y justificar algunas apariciones de diseñadores que encajan en la idea de camp, que de por si es una noción extensa y flexible, así que no había mucho que estuviera fuera de los límites.

Camp es el doble sentido en que las cosas pueden ser tomadas, dice la leyenda de esta
vitrina, con vestidos de 'ilusiones ópticas' de Chloé, invierno 1983 (izquierda) y Gucci, resort 2018 (derecha)

Romance Was Born (Australia), primavera 2015

Diseño de Bob Mackie, estilista y vestuarista de Cher, la reina del camp de su época

Ahora, cuando digo que algunas apariciones fueron justificadas es cuando viene la primera queja... porque muchos nombres siguen estando ahí sin razón. El año pasado, en una de mis clases, tuve la oportunidad de visitar el archivo y las oficinas de los conservadores del instituto, y nos mostraron algunas piezas que harían parte de la exhibición de este año. No nos dijeron nada, pero casi todo era Gucci, lo que hace pensar que ya tenían una temática definida (Vanessa Friedman asegura que Andrew Bolton está "obsesionado" con Camp) y que simplemente buscaron marcas que encajaran. Nada raro, dirían ustedes, si no fuera porque meses después, cuando se anunció el tema, se anunció que Gucci sería uno de los patrocinadores principales y que Alessandro Michele estaría entre los co-chairs de la gala. Es casi como si Gucci estuviera comprando su participación en la exhibición, como lo hizo el año pasado Dolce & Gabbana. Aquí hay que aclarar que no estoy diciendo de ninguna manera que Gucci no encaja en la estética camp, pues por más que Michele no sea de mis afectos entiendo su relación con la temática, pero sería también interesante preguntarse qué tanto Gucci habríamos visto de no ser por esta alianza, y qué tan arbitrario se nos hubiera antojado el posicionamiento de algunas piezas de la casa italiana de no ser por su participación monetaria en el proyecto. Por supuesto, es inocente pensar que estas donaciones no son las que sostienen y dan vida a las muestras, pero todo permite un manto de duda sobre la realidad de las intenciones que se mueven tras bambalinas.

Deirdre Hawken, 'Coliflor', 2013

Sí, ese zapatico de Gucci también es camp (según el MET)
Y aunque extensa, esa tal vez es mi única queja de Camp: Notes on Fashion. La exhibición está inteligentemente curada, con una mezcla de diseñadores 'desconocidos' que emocionan, y una muestra de lo más extravagante que la moda que amamos tiene para ofrecer. Hay color, alta costura, diseño más independiente y buena disposición de los espacios (aunque con una música bastante fuerte, segundo año que hacen lo mismo), pero sobre todo, hay sustancia. Como entusiastas de la moda, académicos o no, es importante que nos demos cuenta de lo crucial que es para cualquier tema estar fundamentado en la seriedad de las fuentes, de los hechos y la historia. Hay quienes creen que eso es aburrido, y esta exhibición es la prueba de lo contario. El MET nos demuestra que se puede hacer una muestra con peso, color y brillo para atraer a todo tipo de público.