Del feminismo y la ropa... o la falta de ella

/ 10:14 a. m.
Por Jen


¿Se acuerdan de la minifalda? Bueno, a ellas también les decían que no se valoraban por mostrar piel, ¿ya entienden?
Foto: GettyImages.
La semana que pasó, las redes sociales se pusieron especialmente intensas con el tema de las mujeres "que no se valoran". Que si hablan abiertamente de sexo, que si admiten lo que les gusta, etcétera. Sin embargo, nosotras no vamos a entrar en esas discusiones aquí porque este es un blog de moda, entonces hablamos de ropa... pero también de la ausencia de ella. Por eso hemos decidido hablar de un tema que parece un poco inconcebible estar tocando a estas alturas de la vida... casi en el 2019, pero es necesario. Vamos a hablar de la poca ropa y el feminismo.


Empecemos por dejar las cosas claras: quien aquí escribe no es ninguna experta en temas de género ni pretende serlo, pero se ha informado lo suficiente como para emitir una opinión al respecto y saber de qué habla. Dicho eso, y para que las autoridades del tema se sientan tranquilas (aunque tampoco es que nos importe demasiado...), prosigamos.

En días pasados un amigo y tuitero a quién respetamos mucho, @JairoSoto puso el tema sobre la mesa debido a la opinión de otra tuitera sobre Valerie Domínguez, a quien acusó de perpetuar la objetivización de la mujer por desnudarse en una revista. Sí, el mismo discurso de "no se quite la ropa porque la deben valorar por sus ideas", pero creo conveniente que demos la discusión de por qué relacionamos la sensualidad, la falta de ropa o la ausencia de ella como una indicación de una mujer que no se valora o, aún peor, una mujer que no puede ser feminista.

Valerie Dominguez no es ni de lejos la primera mujer
que se empelota. Y lo hace por gusto, que no se nos olvide.
El vestuario feminino siempre ha estado asociado a la sexualidad. Textos históricos nos dan cuenta de momentos que se sienten tan lejanos, como el siglo XVIII, en el que artefactos y accesorios como los bolsillos (que antes eran amarrados por debajo de las faldas de las mujeres) o los paraguas, eran tomados como representaciones de su intimidad o de consentimiento para ser cortejadas o aproximadas con una connotación sexual (lo cual se dejaba para las más promiscuas). En esa misma época, en que los escotes se confinaban a la parte del busto, las insinuaciones se limitaban a pequeñas vistas del inicio de los pechos, los tobillos, etc.

Mucho más adelante, en los años 20, el largo de las faldas comenzó a ser recortado y surgió un grupo de mujeres rebeldes que si bien no fueron feministas completamente dichas, sí aportaron mucho a la liberación desde la ropa: las flappers, jovencitas disruptivas que vivían su soltería en las grandes ciudades, bailando y bebiendo como hasta el momento solo lo hacían los hombres y en tiempos de prohibición, y mostrando piel en zonas donde antes no se había pensado: las piernas, la espalda... todo muy escandaloso para la época.


Las flappers, de mis rebeldes favoritas.
Detrás de las flappers (mucho después) la historia vio llegando otros hitos del vestuario que causaron conmoción. El bikini, en los años 40; la minifalda, en los 60... ambos criticados por las mismas razones: por permitir a la mujer mostrar piel, lo que va en contra de las normas de recato que se nos han inculcado históricamente, con estándares que siguen siendo tan dañinos hoy.

Ahora bien, ¿a qué hora nos pusimos a relacionar la ropa con el feminismo? En realidad nunca crecieron separados, siendo la moda una forma de expresión e incluso de protesta para las mujeres (recordemos a las flappers o incluso a las feministas de los 60 usando minifalda). Sin embargo, el feminismo de la segunda ola, ese que se dio en los años 60 con autoras como Simone de Beauvoir, contribuyó al fortalecimiento de muchos estereotipos, señalando prácticas como el maquillaje y la desnudez misma como íconos que reafirmaban la opresión masculina, cosificando a la mujer.

Y aunque ha pasado mucho después de eso, incluyendo una tercera ola del feminismo que derribó la idea de que existe un solo ideal de mujer (por ende, un solo ideal de feminista), seguimos con la misma lora de que las mujeres que se deciden a mostrar piel no se valoran. Por supuesto, como con todas las ganas de joder mal infundadas, el tema no es nuevo. Lo hemos escuchado hasta el cansancio contra revistas como Playboy o incluso cuando celebridades abiertamente feministas, como Emma Watson, deciden quitarse la ropa o salir con poquita en alguna parte.

Si nos vamos a la lógica feminista, la tercera ola del feminismo nos dice que no hay un solo ideal de mujer y que, por ende, no tenemos que caber en un molde para complacer absolutamente a nadie. Y si nos vamos a la lógica, ¿de cuándo acá resulta que las mujeres tienen derecho de rechazar a las mujeres que se quitan la ropa o que usan escote? Más allá de eso, ¿por qué no nos hemos dado cuenta de que hacerlo va precisamente en contra de toda la lógica feminista y antes reafirma la idea machista de que una mujer tiene que ser recatada y sumisa para valorarse?


Recientemente, la revista DonJUAN en Colombia se sumó a la
discusión. Hicieron una revista hecha por mujeres hablando de feminismo. Muy recomendada.

No, una mujer no tiene que seguir un canon para ser valorada o respetada. Y más importante: una mujer no es más o menos inteligente o valiosa en función de la ropa que se ponga o deje de ponerse. Una cosa es que a cada uno de nosotros, en función del gusto PERSONAL, no nos parezca bonito ver un vestido extremadamente escotado (o como dice Melissa, la desnudez innecesaria), pero el que no estemos de acuerdo no quiere decir que consideremos que una mujer se denigra o vale menos por usar cosas reveladoras o no usar nada en absoluto.

Que quede absolutamente claro: en este blog defendemos la libertad de todo el mundo de hacer con su cuerpo y con su imagen lo que se les venga en gana, siempre y cuando sea una decisión voluntaria. Porque esa es otra variable que no hemos considerado: el hecho de que una mujer aparezca desnuda en una revista o se vista de forma reveladora por una decisión personal. ¿Que detrás de ello hay una necesidad de validación? Es probable. ¿Que tengamos derecho a polemizar sobre eso? Es completamente falso e inaceptable.

Hace un par de años se la querían montar a Emma Watson, declarada feminista, por esta foto. Sus palabras resuenan en mi cabeza "el feminismo es sobre darles opciones a las mujeres, no entiendo qué tienen que ver mis tetas con esto".
Hay muchas razones por las que las mujeres nos ponemos lo que nos ponemos, y expresar nuestra sexualidad y sensualidad es una de ellas. Bajo esa misma idea, si una mujer que consideramos respetable decide un día escotarse o hasta desnudarse, lo primero en lo que tenemos que pensar es en que lo está haciendo por que se le da la gana y no porque quiere agradar a los hombres. Tal vez quiere hacerlo por sí misma, tal vez quiere decir "miren cómo estoy de buena" o tal vez sí, disfruta la atención de los hombres. Eso no está mal. Mal está que a estas alturas de la vida estemos pensando que una mujer que usa minifalda no merece respeto o que simplemente se viste sensual porque quiere “levantar”. La ropa, y también la ausencia de ella, es una práctica más profunda, que provee a las mujeres de confianza y posibilidad de expresión, no puede ser tomada como otra forma de oprimir o denigrar a las mujeres, que de eso ya tenemos bastante.

Como ya me extendí suficiente, es importante concluir con un mensaje claro: uno puede ser feminista, tener una maestría, empelotarse en Soho y caminar la alfombra roja con un escote hasta el ombligo. Uno puede ser feminista y cubrirse con ropa de los pies a la cabeza. Uno puede ser feminista y maquillarse, caminar en tacones y querer verse y sentirse bella, o ir por el mundo con la cara lavada, el cabello despeinado y un par de tenis viejos y sucios. Uno puede ser feminista y hacer lo que le dé la gana, porque ser feminista no es llenar un cúmulo de requisitos para entrar a un club, es simplemente tener la certeza de que las mujeres podemos y debemos ser iguales a los hombres y que, por eso mismo, nadie debe juzgar las decisiones que tomamos sobre nuestro cuerpo.


Por Jen


¿Se acuerdan de la minifalda? Bueno, a ellas también les decían que no se valoraban por mostrar piel, ¿ya entienden?
Foto: GettyImages.
La semana que pasó, las redes sociales se pusieron especialmente intensas con el tema de las mujeres "que no se valoran". Que si hablan abiertamente de sexo, que si admiten lo que les gusta, etcétera. Sin embargo, nosotras no vamos a entrar en esas discusiones aquí porque este es un blog de moda, entonces hablamos de ropa... pero también de la ausencia de ella. Por eso hemos decidido hablar de un tema que parece un poco inconcebible estar tocando a estas alturas de la vida... casi en el 2019, pero es necesario. Vamos a hablar de la poca ropa y el feminismo.


Empecemos por dejar las cosas claras: quien aquí escribe no es ninguna experta en temas de género ni pretende serlo, pero se ha informado lo suficiente como para emitir una opinión al respecto y saber de qué habla. Dicho eso, y para que las autoridades del tema se sientan tranquilas (aunque tampoco es que nos importe demasiado...), prosigamos.

En días pasados un amigo y tuitero a quién respetamos mucho, @JairoSoto puso el tema sobre la mesa debido a la opinión de otra tuitera sobre Valerie Domínguez, a quien acusó de perpetuar la objetivización de la mujer por desnudarse en una revista. Sí, el mismo discurso de "no se quite la ropa porque la deben valorar por sus ideas", pero creo conveniente que demos la discusión de por qué relacionamos la sensualidad, la falta de ropa o la ausencia de ella como una indicación de una mujer que no se valora o, aún peor, una mujer que no puede ser feminista.

Valerie Dominguez no es ni de lejos la primera mujer
que se empelota. Y lo hace por gusto, que no se nos olvide.
El vestuario feminino siempre ha estado asociado a la sexualidad. Textos históricos nos dan cuenta de momentos que se sienten tan lejanos, como el siglo XVIII, en el que artefactos y accesorios como los bolsillos (que antes eran amarrados por debajo de las faldas de las mujeres) o los paraguas, eran tomados como representaciones de su intimidad o de consentimiento para ser cortejadas o aproximadas con una connotación sexual (lo cual se dejaba para las más promiscuas). En esa misma época, en que los escotes se confinaban a la parte del busto, las insinuaciones se limitaban a pequeñas vistas del inicio de los pechos, los tobillos, etc.

Mucho más adelante, en los años 20, el largo de las faldas comenzó a ser recortado y surgió un grupo de mujeres rebeldes que si bien no fueron feministas completamente dichas, sí aportaron mucho a la liberación desde la ropa: las flappers, jovencitas disruptivas que vivían su soltería en las grandes ciudades, bailando y bebiendo como hasta el momento solo lo hacían los hombres y en tiempos de prohibición, y mostrando piel en zonas donde antes no se había pensado: las piernas, la espalda... todo muy escandaloso para la época.


Las flappers, de mis rebeldes favoritas.
Detrás de las flappers (mucho después) la historia vio llegando otros hitos del vestuario que causaron conmoción. El bikini, en los años 40; la minifalda, en los 60... ambos criticados por las mismas razones: por permitir a la mujer mostrar piel, lo que va en contra de las normas de recato que se nos han inculcado históricamente, con estándares que siguen siendo tan dañinos hoy.

Ahora bien, ¿a qué hora nos pusimos a relacionar la ropa con el feminismo? En realidad nunca crecieron separados, siendo la moda una forma de expresión e incluso de protesta para las mujeres (recordemos a las flappers o incluso a las feministas de los 60 usando minifalda). Sin embargo, el feminismo de la segunda ola, ese que se dio en los años 60 con autoras como Simone de Beauvoir, contribuyó al fortalecimiento de muchos estereotipos, señalando prácticas como el maquillaje y la desnudez misma como íconos que reafirmaban la opresión masculina, cosificando a la mujer.

Y aunque ha pasado mucho después de eso, incluyendo una tercera ola del feminismo que derribó la idea de que existe un solo ideal de mujer (por ende, un solo ideal de feminista), seguimos con la misma lora de que las mujeres que se deciden a mostrar piel no se valoran. Por supuesto, como con todas las ganas de joder mal infundadas, el tema no es nuevo. Lo hemos escuchado hasta el cansancio contra revistas como Playboy o incluso cuando celebridades abiertamente feministas, como Emma Watson, deciden quitarse la ropa o salir con poquita en alguna parte.

Si nos vamos a la lógica feminista, la tercera ola del feminismo nos dice que no hay un solo ideal de mujer y que, por ende, no tenemos que caber en un molde para complacer absolutamente a nadie. Y si nos vamos a la lógica, ¿de cuándo acá resulta que las mujeres tienen derecho de rechazar a las mujeres que se quitan la ropa o que usan escote? Más allá de eso, ¿por qué no nos hemos dado cuenta de que hacerlo va precisamente en contra de toda la lógica feminista y antes reafirma la idea machista de que una mujer tiene que ser recatada y sumisa para valorarse?


Recientemente, la revista DonJUAN en Colombia se sumó a la
discusión. Hicieron una revista hecha por mujeres hablando de feminismo. Muy recomendada.

No, una mujer no tiene que seguir un canon para ser valorada o respetada. Y más importante: una mujer no es más o menos inteligente o valiosa en función de la ropa que se ponga o deje de ponerse. Una cosa es que a cada uno de nosotros, en función del gusto PERSONAL, no nos parezca bonito ver un vestido extremadamente escotado (o como dice Melissa, la desnudez innecesaria), pero el que no estemos de acuerdo no quiere decir que consideremos que una mujer se denigra o vale menos por usar cosas reveladoras o no usar nada en absoluto.

Que quede absolutamente claro: en este blog defendemos la libertad de todo el mundo de hacer con su cuerpo y con su imagen lo que se les venga en gana, siempre y cuando sea una decisión voluntaria. Porque esa es otra variable que no hemos considerado: el hecho de que una mujer aparezca desnuda en una revista o se vista de forma reveladora por una decisión personal. ¿Que detrás de ello hay una necesidad de validación? Es probable. ¿Que tengamos derecho a polemizar sobre eso? Es completamente falso e inaceptable.

Hace un par de años se la querían montar a Emma Watson, declarada feminista, por esta foto. Sus palabras resuenan en mi cabeza "el feminismo es sobre darles opciones a las mujeres, no entiendo qué tienen que ver mis tetas con esto".
Hay muchas razones por las que las mujeres nos ponemos lo que nos ponemos, y expresar nuestra sexualidad y sensualidad es una de ellas. Bajo esa misma idea, si una mujer que consideramos respetable decide un día escotarse o hasta desnudarse, lo primero en lo que tenemos que pensar es en que lo está haciendo por que se le da la gana y no porque quiere agradar a los hombres. Tal vez quiere hacerlo por sí misma, tal vez quiere decir "miren cómo estoy de buena" o tal vez sí, disfruta la atención de los hombres. Eso no está mal. Mal está que a estas alturas de la vida estemos pensando que una mujer que usa minifalda no merece respeto o que simplemente se viste sensual porque quiere “levantar”. La ropa, y también la ausencia de ella, es una práctica más profunda, que provee a las mujeres de confianza y posibilidad de expresión, no puede ser tomada como otra forma de oprimir o denigrar a las mujeres, que de eso ya tenemos bastante.

Como ya me extendí suficiente, es importante concluir con un mensaje claro: uno puede ser feminista, tener una maestría, empelotarse en Soho y caminar la alfombra roja con un escote hasta el ombligo. Uno puede ser feminista y cubrirse con ropa de los pies a la cabeza. Uno puede ser feminista y maquillarse, caminar en tacones y querer verse y sentirse bella, o ir por el mundo con la cara lavada, el cabello despeinado y un par de tenis viejos y sucios. Uno puede ser feminista y hacer lo que le dé la gana, porque ser feminista no es llenar un cúmulo de requisitos para entrar a un club, es simplemente tener la certeza de que las mujeres podemos y debemos ser iguales a los hombres y que, por eso mismo, nadie debe juzgar las decisiones que tomamos sobre nuestro cuerpo.


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Por Meli.
Otro año, otro ramillete de mujeres esbeltas con cabelleras exuberantes y los mismos vestidos color cristal de siempre. Parte de mi identidad como colombiana está conectada con el tema de los concursos de belleza, es una tradición para muchos de nosotros y por eso lo sigo viendo, pero me entristece cada año la falta de creatividad en cuanto a las elecciones de vestuario.

Por Meli.

Tengo que ser honesta: mi lista preliminar de mejor vestidas para esta reseña era larguísima. Ni hablar de las menciones especiales. Me costó mucho trabajo elegir las ocho que quedaron en cada una, lo que considero un éxito en la última gran alfombra roja del año.
Las peor vestidas no se quedaron atrás, y hubo muchas que pecaron por escoger vestidos de largos desafortunados o que las hacían ver con proporciones desfasadas, pero hay que reconocer que fueron muchas más las que acertaron. Tanto así, que nos tocó dejar por fuer a algunas, como Samira Wiley, Michelle Dockery y Angela Sarafyan (en la foto de apertura de este post). En general, una alfombra roja movida y dinámica que nos dio gusto cubrir y reseñar.

Por Jen

Fotos: WWD y Vogue Runway
Llegó a su final una edición más de NYFW. Una que sentí especialmente cercana, por la oportunidad de asistir a más eventos y ver de cerca las experiencias relacionadas con el evento que, como ya les había comentado antes, es más que una serie de pasarelas, es un evento en el que se vuelca la ciudad entera y  se convierte en el epicentro de la semana para muchos de los involucrados en otras industrias, como el turismo y la hospitalidad (hoteles, restaurantes, etc).

En esta ocasión, pudimos ver algunos regresos físicos a la programación de los desfiles (Rodarte, por ejemplo, luego de estar algún tiempo presentándose en Londres) y también el 'regreso' creativo de algunos diseñadores de nuestros amores (ya ahorita se darán cuenta de quién hablo pero seguro ya saben), armados de un poquito de polémica y hasta una pelea que nafda tuvo que ver con la moda pero que terminó empañando una gran colección. Pero como esto noes un blog de celebridades sino de moda., les traemos algunas de las colecciones que más llamaron nuestra atención durante New York Fashion Week, preparados para una primavera que nos devuelve a hace un par de años, cuando el neón era rey (¿alguien guardó los satchels?).

Christian Siriano

Desde hace tiempo, Christian Siriano hizo público su compromiso de vestir a la mujer sin distinción de tallas, y esto se hace claro cuando se trata de vestirlas para los climas más cálidos. El carismático diseñador, que ha asegurado en otras ocasiones que quiere que mujeres como su mamá y su hermana, que no son talla cero ni modelos, puedan encontrar ropa hermosa en sus colecciones, volvió a presentar un trabajo coherente con esta idea y decidió no esconder a las modelos de talla grande bajo la uniformidad del negro. Al contrario, para su colección ss19 creó un sueño de vacaciones tropicales, en los que el negro jugó de acompañante del animal print, el verde, rosa y azul neón, que fueron las verdaderas estrellas. Siriano no se guardó nada y mostró vestidos ceñidos, faldas princesa llenas de tul y un infaltable en cualquier colección en nuestros tiempos: el power suit.


Mención especial también para su voz política: aunque fue una sola, la camiseta de 'Vote for Cynthia' resonó bastante entre los asistentes. Y pensar que hay quienes siguen diciendo que la moda y la política nada que ver...

Tom Ford 

En su reseña para el New York Times (que pueden leer en inglés aquí), Vanessa Friedman resaltó que la colección de Tom Ford fue una oda a la elegancia, al ready-to-wear que enamoró a la moda y en el que no se veían los tenis. Yo celebro eso, no solo porque le fangirlee a Vanessa cada vez que puedo, sino porque da gusto encontrar diseñadores que no tienen que pegarse de cualquier cosa para resonar, así no vaya con su estilo. Tom Ford es un rebelde que sigue sus propias ideas, sin importar la estación o el momento, y esta no fue la excepción: uniformó a sus mujeres de faldas lápiz y chaquetas de cuero con texturas, blazers estructurados y algunos toques de encaje y tul, todo pensando en una fémina poderosa y que no le tiene miedo a nada. A los hombres, también los llevó por una estética muy suya: trajes con estrustura y toques 'dandy' en algunos tonos de 'nude' y lila (con textura, para crear una sensación unisex) con las mujeres, todo con ese toque de elegancia en un mundo en el que 'athleisure' no tiene cabida.

Marc Jacobs

Ok, llegó el momento de opinión. De entrada, si usted es asiduo de este blog sabe que Marc Jacobs es uno de mis diseñadores favoritos y que ejercer la imparcialidad cuando se trata de èl es una tarea titànica para mi. Ahora, vamos a los hechos: el desfile comenzó tarde, MUY TARDE, y no hay excusa para eso. Luego èl se disculpó en un post de Instagram alegando temas técnicos y demás, pero la realidad es que empezar un desfile una hora y media tarde, no es muy excusable que digamos. SIN EMBARGO, Marc Jacobs es uno de los diseñadores más tarscendentales de nuestros tiempos, así que uno no entiende cuál es la bulla por un tema que a cualquiera se le puede salir de las manos. ¿Que hubo gente que se fue porque tenían vuelos? Respetable. ¿Que hubo gente que prefirió irse porque iban a llegar tarde a ver el 'desfile' de Savage x Fenty, la línea de ropa interior de Rihanna? ¿¡CÒMO!?


Me perdonarán los fans de Riri (que dicho sea de paso, no es de los amores de este blog), pero si uno está invitado a los dos desfiles y decide no quedarse a ver a Marc Jacobs por irse a ver ropa interior, tiene que reevaluarse. Primero, porque la ropa interior básicamente es lo mismo siempre y cranearte un show no te hace diseñadora así pongas modelos de todas las tallas (Momento #AmigaDateCuenta) y segundo, porque casualmente esa vez que estuvo tarde, Marc presentó una de las mejores colecciones de su historia reciente. Hubo pantalones estilo 'paperbag', faldas a la cintura en corte A y vestidos hechos con una sastrería impecable, así como boleros, tules y flores gigantes de seda que nos hicieron suspirar. El neoyorquino no escatimó en la cuota de drama, y puso en la pasarela prendas para esas 'showgirls' de las que parecía haberse despedido cuando se fue de Louis Vuitton (y rompió mi corazón en mil pedazos). Mención especial para la forma como llevó el rosa del pastel al fucsia, combinado con naranja y plumas para crear toda una expresión multicolor.

Alice + Olivia



La firma es una de las tantas de NYFW que hace un tiempo abandonó la idea del desfile y se decantó por una presentación más pequeña y sobria, solo para prensa especializada. Fieles a su estética juvenil y juguetona, le apostaron todo al color para esta primavera, con el amarillo limón como caballito de batalla. Maxivestidos ultrafemeninos, con cinturas marcadas y corte halter; estampados bohemios y florales contrastaron con power suits de pantalones palazzo, combinados a un solo tono y sin una pizca de miedo a resaltar.


En esta colección no hay básicos: los únicos neutros sirven el propósito de la primavera a manera de rayas y looks unicolor que no tienen nada de simple, pero resultan bellos y poderosos. 


Eckhaus Latta


Esta marca es la nueva transgesora del patio del colegio, el nuevo niño 'cool' de la clase. Desde hace un par de temporadas, cuando comenzaron a incorporar todo tipo de tallas y siluetas (ellos fueron de los primeros en poner a una embarazada en la pasarela, toma lo tuyo Rihanna) y a presentar sus colecciones en un estudio en Bushwick, lejos de Spring Studios y el bullicio de Manhattan, se desmaracaron de la escena mainstream y quisieron hacer las cosas a su ritmo. Sin embargo, el resultado no había tenido un balance indicado hasta ahora, que presentaron una colección que grita independencia, pero también diseño de grandes ligas. Chauquetas bien construidas, pantalones con ajustes que funcionan a diferentes tallas, y prendas clásicas en general con un toque edgy: eso es ser verdaderamente innovador, reinventar lo mismo y abrir el espectro de lo que ya conocemos en vez de poner en la pasarela cosas que nadie se pondría. Y lo de Eckhaus Latta, como ellos, se lo pondría el niño cool del colegio, pero de cualquier clase, color y talla. Y eso es maravilloso.

Carolina Herrera


De lo 'cool' pasamos a lo ensoñador, con una particularidad: después de la sentida despedida de la legendaria Carolina Herrera como diseñadora de su marca la temporada pasada, todos estábamos a la expectativa por ver lo que Wes Gordon tenía preparado para continuar con el legado de una de las mujeres que más clase y distinción le ha puesto al diseño latino, al que elevó a la categoría de lujo mundial. Y parece que Gordon pasó el examen con creces.



En la pasarela vimos la estela de femineidad que ha caracterizado siempre a la firma, con pequeñas licencias creativas que resultan válidas para un debut: estampados mínimos (con excepción de unas flores de gran tamaño en un par de faldas), botas altas con bordados y crop tops, que se mezclaron con la impecable sastrería de blazers en colores claros,crochet, faldas lápiz y otras de cortes en A, todo muy lady-like, muy Carolina Herrera, pero con un aire fresco que en unas cuantas temporadas sabremos si llegó para quedarse.

Monique Lhuillier


Hay cosas que nunca cambian, y una de ellas es nuestro amor por los vestidos ultrafemeninos y románticos, como los de Monique Lhuillier. Claro, en la vida hay espacio para todo y las tendencias son una maravilla de ver y vestir, pero las piezas ensoñadoras alimentan nuestro amor por la moda (el de Jeniffer y Melissa, que nadie se tome esto literal). Y esta presentación de ML no fue la excepción, uno no sabe qué pieza es más bella que la anterior, y todo, como con Tom Ford, en medio de sus propias reglas. Tules de colores nude y también otros más serios como azul noche y negro, flores
(para primavera, qué innovador) y algunos toques de azules, verdes y rosas para alegrar la temporada. No hay nada transgresor, no hay nada que no se haya hecho antes: solo ropa hecha para una mujer que sueña con ese vestido en su clóset para un día especial, y que ama lo clásico con un toque de modernidad.

Prabal Gurung

Nepal. Allá, por esos lados para los que casi nadie mira nunca, nació Prabal Gurung, en medio de mujeres de pueblos pequeños que celebraban el color, como quiso hacerlo él en esta colección. Y para esas mismas mujeres, el diseñador reafirmó un compromiso del que también hace parte hace tiempo: crear para la diversidad, para todo tipo de cuerpo. Hubo neones, colores fuertes mezclados con blanco, boleros y sportswear. Importante hacer zoom a los bloques de color, una tendencia de hace años (por la misma época en que los neón eran estrellas) que parece querer volver, muy a mi pesar.

Y también importante resaltar la inclusión de hombres en el trabajo de la marca, sobre los cuales Prabal dijo se había sentido muy "cómodo" diseñando. Y se notó. Fue una inclusión orgánica, casi que basada en la ausencia de roles de género. Para Prabal los colores no son exclusivos de ellas o ellos, y muchas de las siluetas, tampoco.
By Jen.
The concept of royalty is one of those things about which I haven't set an extreme position about. On one hand, the idea of a person ruling over a group of citizens by right of birth (despite the fact that a royal is more a diplomat these days) is simply inadequate and inconvenient for our days, not to mention archaic. But on the other hand... the whole thing about the princess getting her prince charming and having a dream life is something that it is still very cute (you have to admit, I'm not the only one who thinks like this... right?!) And of course... the fashion. One of the things that make us fall in love with royalty is the fashion that surrounds it, with women praising their local designers with their choices or wedding dresses out of a modern fairytale.

Por Jen.
El concepto de realeza es una de esas cosas en las que estoy como en un punto medio. Por un lado, la idea de una persona gobernando a un grupo de ciudadanos, a pesar de que el papel de un soberano es esencialmente diplomático en estos días, es extremadamente inadecuada e inconvente para los días en que vivimos; pero por otro... el tema de de la princesa que conoce a su príncipe azul y se casa para tener una vida de ensueño tiene un tinte romántico que para muchas de nosotras (admítanlo, no me dejen morir) sigue siendo lindo. Además, ¡los looks! Una de las cosas que más nos atrae de la realeza es el tema de moda que se maneja alrededor, desde mujeres apoyando la moda local con sus elecciones hasta vestidos de novia de ensueño que nos encanta admirar.

By Meli.

Jen and I sometimes feel that all hope is lost when it comes to the MTV Video Music Awards, but still, we wait for a miracle every year. And, surprisingly, we got it in the form of a well-dressed Kardashian. Who knew?!
But not all is good news, as our worst-dressed list is particularly costume-y and naked this year. Here is our selection of the memorable looks on this year’s awards ceremony.

Por Meli.

En este blog a veces sentimos que le perdimos la fe a los MTV Video Music Awards, pero igual cada año esperamos un milagro. Y, sorpresivamente, lo recibimos en forma de una Kardashian bien vestida. ¡¿Quién lo hubiera imaginado?!
Pero como no todas son buenas noticias, nuestra lista de peor vestidas está particularmente pintoresca y desnuda este año. Aquí tienen nuestra selección de lo que vale la pena destacar de la entrega de premios de este año.

Por Meli.

¿Alguna vez les ha pasado que pasan por una vitrina o miran un anuncio publicitario, ven prendas preciosas que quisieran ponerse, y luego piensan que nunca se les van a ver tan bien como a los maniquíes y a las modelos porque ustedes no son altas y delgadas?

Si nunca han experimentado esa sensación, felicidades: ustedes probablemente hacen parte del privilegiado grupo de mujeres que entra dentro de los cánones de belleza para los cuales la industria de la moda crea sus productos.
Si en cambio conocen bien ese sentimiento, entonces ustedes son como yo: una persona con unos kilos de más (pocos o muchos), o con una estatura muy baja o muy alta, o con una figura corporal alejada del dichoso “reloj de arena”, que muchas veces tiene que conformarse con ropa que no le encanta porque “le queda” o “le favorece”.