Por Jen


¿Se acuerdan de la minifalda? Bueno, a ellas también les decían que no se valoraban por mostrar piel, ¿ya entienden?
Foto: GettyImages.
La semana que pasó, las redes sociales se pusieron especialmente intensas con el tema de las mujeres "que no se valoran". Que si hablan abiertamente de sexo, que si admiten lo que les gusta, etcétera. Sin embargo, nosotras no vamos a entrar en esas discusiones aquí porque este es un blog de moda, entonces hablamos de ropa... pero también de la ausencia de ella. Por eso hemos decidido hablar de un tema que parece un poco inconcebible estar tocando a estas alturas de la vida... casi en el 2019, pero es necesario. Vamos a hablar de la poca ropa y el feminismo.


Empecemos por dejar las cosas claras: quien aquí escribe no es ninguna experta en temas de género ni pretende serlo, pero se ha informado lo suficiente como para emitir una opinión al respecto y saber de qué habla. Dicho eso, y para que las autoridades del tema se sientan tranquilas (aunque tampoco es que nos importe demasiado...), prosigamos.

En días pasados un amigo y tuitero a quién respetamos mucho, @JairoSoto puso el tema sobre la mesa debido a la opinión de otra tuitera sobre Valerie Domínguez, a quien acusó de perpetuar la objetivización de la mujer por desnudarse en una revista. Sí, el mismo discurso de "no se quite la ropa porque la deben valorar por sus ideas", pero creo conveniente que demos la discusión de por qué relacionamos la sensualidad, la falta de ropa o la ausencia de ella como una indicación de una mujer que no se valora o, aún peor, una mujer que no puede ser feminista.

Valerie Dominguez no es ni de lejos la primera mujer
que se empelota. Y lo hace por gusto, que no se nos olvide.
El vestuario feminino siempre ha estado asociado a la sexualidad. Textos históricos nos dan cuenta de momentos que se sienten tan lejanos, como el siglo XVIII, en el que artefactos y accesorios como los bolsillos (que antes eran amarrados por debajo de las faldas de las mujeres) o los paraguas, eran tomados como representaciones de su intimidad o de consentimiento para ser cortejadas o aproximadas con una connotación sexual (lo cual se dejaba para las más promiscuas). En esa misma época, en que los escotes se confinaban a la parte del busto, las insinuaciones se limitaban a pequeñas vistas del inicio de los pechos, los tobillos, etc.

Mucho más adelante, en los años 20, el largo de las faldas comenzó a ser recortado y surgió un grupo de mujeres rebeldes que si bien no fueron feministas completamente dichas, sí aportaron mucho a la liberación desde la ropa: las flappers, jovencitas disruptivas que vivían su soltería en las grandes ciudades, bailando y bebiendo como hasta el momento solo lo hacían los hombres y en tiempos de prohibición, y mostrando piel en zonas donde antes no se había pensado: las piernas, la espalda... todo muy escandaloso para la época.


Las flappers, de mis rebeldes favoritas.
Detrás de las flappers (mucho después) la historia vio llegando otros hitos del vestuario que causaron conmoción. El bikini, en los años 40; la minifalda, en los 60... ambos criticados por las mismas razones: por permitir a la mujer mostrar piel, lo que va en contra de las normas de recato que se nos han inculcado históricamente, con estándares que siguen siendo tan dañinos hoy.

Ahora bien, ¿a qué hora nos pusimos a relacionar la ropa con el feminismo? En realidad nunca crecieron separados, siendo la moda una forma de expresión e incluso de protesta para las mujeres (recordemos a las flappers o incluso a las feministas de los 60 usando minifalda). Sin embargo, el feminismo de la segunda ola, ese que se dio en los años 60 con autoras como Simone de Beauvoir, contribuyó al fortalecimiento de muchos estereotipos, señalando prácticas como el maquillaje y la desnudez misma como íconos que reafirmaban la opresión masculina, cosificando a la mujer.

Y aunque ha pasado mucho después de eso, incluyendo una tercera ola del feminismo que derribó la idea de que existe un solo ideal de mujer (por ende, un solo ideal de feminista), seguimos con la misma lora de que las mujeres que se deciden a mostrar piel no se valoran. Por supuesto, como con todas las ganas de joder mal infundadas, el tema no es nuevo. Lo hemos escuchado hasta el cansancio contra revistas como Playboy o incluso cuando celebridades abiertamente feministas, como Emma Watson, deciden quitarse la ropa o salir con poquita en alguna parte.

Si nos vamos a la lógica feminista, la tercera ola del feminismo nos dice que no hay un solo ideal de mujer y que, por ende, no tenemos que caber en un molde para complacer absolutamente a nadie. Y si nos vamos a la lógica, ¿de cuándo acá resulta que las mujeres tienen derecho de rechazar a las mujeres que se quitan la ropa o que usan escote? Más allá de eso, ¿por qué no nos hemos dado cuenta de que hacerlo va precisamente en contra de toda la lógica feminista y antes reafirma la idea machista de que una mujer tiene que ser recatada y sumisa para valorarse?


Recientemente, la revista DonJUAN en Colombia se sumó a la
discusión. Hicieron una revista hecha por mujeres hablando de feminismo. Muy recomendada.

No, una mujer no tiene que seguir un canon para ser valorada o respetada. Y más importante: una mujer no es más o menos inteligente o valiosa en función de la ropa que se ponga o deje de ponerse. Una cosa es que a cada uno de nosotros, en función del gusto PERSONAL, no nos parezca bonito ver un vestido extremadamente escotado (o como dice Melissa, la desnudez innecesaria), pero el que no estemos de acuerdo no quiere decir que consideremos que una mujer se denigra o vale menos por usar cosas reveladoras o no usar nada en absoluto.

Que quede absolutamente claro: en este blog defendemos la libertad de todo el mundo de hacer con su cuerpo y con su imagen lo que se les venga en gana, siempre y cuando sea una decisión voluntaria. Porque esa es otra variable que no hemos considerado: el hecho de que una mujer aparezca desnuda en una revista o se vista de forma reveladora por una decisión personal. ¿Que detrás de ello hay una necesidad de validación? Es probable. ¿Que tengamos derecho a polemizar sobre eso? Es completamente falso e inaceptable.

Hace un par de años se la querían montar a Emma Watson, declarada feminista, por esta foto. Sus palabras resuenan en mi cabeza "el feminismo es sobre darles opciones a las mujeres, no entiendo qué tienen que ver mis tetas con esto".
Hay muchas razones por las que las mujeres nos ponemos lo que nos ponemos, y expresar nuestra sexualidad y sensualidad es una de ellas. Bajo esa misma idea, si una mujer que consideramos respetable decide un día escotarse o hasta desnudarse, lo primero en lo que tenemos que pensar es en que lo está haciendo por que se le da la gana y no porque quiere agradar a los hombres. Tal vez quiere hacerlo por sí misma, tal vez quiere decir "miren cómo estoy de buena" o tal vez sí, disfruta la atención de los hombres. Eso no está mal. Mal está que a estas alturas de la vida estemos pensando que una mujer que usa minifalda no merece respeto o que simplemente se viste sensual porque quiere “levantar”. La ropa, y también la ausencia de ella, es una práctica más profunda, que provee a las mujeres de confianza y posibilidad de expresión, no puede ser tomada como otra forma de oprimir o denigrar a las mujeres, que de eso ya tenemos bastante.

Como ya me extendí suficiente, es importante concluir con un mensaje claro: uno puede ser feminista, tener una maestría, empelotarse en Soho y caminar la alfombra roja con un escote hasta el ombligo. Uno puede ser feminista y cubrirse con ropa de los pies a la cabeza. Uno puede ser feminista y maquillarse, caminar en tacones y querer verse y sentirse bella, o ir por el mundo con la cara lavada, el cabello despeinado y un par de tenis viejos y sucios. Uno puede ser feminista y hacer lo que le dé la gana, porque ser feminista no es llenar un cúmulo de requisitos para entrar a un club, es simplemente tener la certeza de que las mujeres podemos y debemos ser iguales a los hombres y que, por eso mismo, nadie debe juzgar las decisiones que tomamos sobre nuestro cuerpo.