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Por Melissa Zuleta Bandera.

Después de cuatro años de eventos, cuatro jornadas de cubrimiento y cuatro artículos resaltando lo bueno y lo malo de Barranquilla Fashion Week, hemos llegado a la conclusión que este evento mejora en cada edición... solo que muy, muy lento.


Por Melissa Zuleta Bandera

Vuelve y juega Barranquilla Fashion Week. Cuando apenas estaban anunciando el evento de este año, su segunda edición para ser exactos (la "primera" fue técnicamente un lanzamiento), repetía en mi cabeza "por favor, que hayan mejorado".


Por Jeniffer Varela R.

Hace aproximadamente un año, escribimos un post sobre el lanzamiento de un nuevo evento de moda en la ciudad, llamado Barranquilla Fashion Week. Allí expusimos varias de nuestras preocupaciones, desde la gran expectativa que genera su nombre (mal utilizado por demás) y los errores que había en cuestiones de parrilla. Pues bien, el 2013 fue el año en que se llevó a cabo el evento como tal, durante dos días, en el Salón Jumbo del Country Club. Y tristemente quedaron más preguntas que respuestas satisfactorias en el aire.

Fotos Juan Manuel Maldonado, Melissa
 Zuleta y Orlando Amador. 
Comencemos por aclarar que Meli y yo solo pudimos estar en uno de los dos días del evento. Además, habíamos hablado con los organizadores previamente y parecía que algunas de las cosas que habíamos lamentado en la edición del lanzamiento no se repetirían. Pero hablemos en concreto del día en que estuvimos y otras cositas.

La entrada al evento no fue complicada, recogimos nuestras acreditaciones sin problema y comenzamos a recorrer los stands, en los que vimos algunas cosas interesantes, como la propuesta de Mary Senior y su marca de accesorios Libre Colibrí, las carteras de Thiana Funez y la ropa de Laura Riquett. Estas tres llamaron nuestra atención por tener una calidad destacable y una cuota de innovación que siempre es importante en este tipo de eventos (los bolsos de Thiana, por ejemplo, tienen un trabajo a mano del cuero que es realmente un deleite). Nos pasó también con la marca RetroChic y los accesorios de Orlando González inspirados en el Carnaval, aunque ya conocíamos el trabajo de ambos.

Libre Colibrí, una marca de accesorios muy atractiva. 

 

Bolsos de Thiana Funez. ¡Los quiero!


Propuestas familiares: 0511, de Orlando González y RetroChic
Claro que en los stands también había centros de estética (nunca apoyaré esa mezcla) y otras marcas de vestidos de baño y ropa casual que repetían lo mismo de lo mismo. Encontramos, incluso, una marca llamada Bodouir, de Sergio Barbosa. Nunca supimos a ciencia cierta cual era el papel del presentador en la marca, pero la foto habla por sí sola del producto.


Las pasarelas fueron otra historia. Estaban organizadas en bloque, lo que al principio no comprendimos, y trataban de incorporar el concepto de artista en pasarela (al mejor estilo Victoria’s Secret Fashion Show). Cuando comenzaron, entendimos la razón: falta de propuestas, por lo que resultó una seguidilla de minidesfiles de aproximadamente doce looks cada uno que, entre otras cosas, dejaron mucho que desear.


Entre las propuestas que vimos estuvieron Studio F, Velez, Mantra 3.0, Alitza García, Walter Egea y Dolmen. Las describo tal cual lo hicieron ellos porque de las dos primeras no hay mucho que decir y de las demás, es poco lo que realmente merece ser dicho. Para resumirles, y salvo un par de contadas excepciones, se trató de prendas sin ningún tipo de innovación ni cuidado o calidad. ¿A quién se le ocurrió que está bien visto mandar pantalones arrugados y vestidos mal cosidos a la pasarela? Además de una falta de respeto, es una absoluta muestra de lo poco profesional que fueron estas puestas en escena. Nunca vimos un concepto, una historia. Solo retazos. ¿Habría curaduría? Nunca lo supimos.

Alitza García tuvo brochazos de cosas rescatables, pero nos perdimos en su concepto. 
Los vestidos de baño de Walter Egea. ¿Y la novedad?
 El asunto de la pasarela de Dolmen “con sentido social” puede ser mencionado aparte. Esta empresa, dedicada a la producción publicitaria de anuncios y otros materiales, contactó a Kevyn Rousnack para transformar sus lonas, junto con otros insumos, en productos que puedan venderse. La idea, que no resultó muy de mi gusto para ser honesta, se rescata por su fondo altruista. 
Pasarela de Dolmen
Y realmente los inconvenientes no estuvieron solo en la pasarela. La entrada, que era la misma y una sola para todo el público, era un caos. Si eras de prensa, tenías que dar empujones hasta llegar a la puerta y luego pasar. Eso, si contabas con suerte de que tu zona no estuviera ocupada, como les pasó a muchos al día siguiente. Al final tuvieron que sentarse en el piso mientras gente que no tenía nada que ver con el evento (vi médicos y otras personas reconocidas de la ciudad) se sentaban en la primera fila. Aquí es importante detenerse por una razón: nadie pide que se le dé a la prensa o a los bloggers la primera fila. Pero si en el evento no había compradores (o si había no vimos ni uno), lo más lógico es que los primeros en ubicarse fueran los que comparten luego la información. Pero no, fueron a dar al piso, como si les estuvieran haciendo un favor.


De las pasarelas del segundo día no podemos hablar porque no estuvimos, pero sí recibimos comentarios de que la programación en las boletas estaba desordenada y los horarios se cambiaron en algunas ocasiones. Leyla Viñas, por ejemplo, estaba anunciada para el jueves y se presentó el miércoles. Y lo más anunciado para ese día era el homenaje a Alfredo Barraza, con vestidos de las exreinas del Carnaval y otros que lo han hecho famoso. Aunque a nosotras no nos encante, el tipo tiene un nombre y su mérito, nada que hacer. Y se disfrutó su agasajo, muy bien por él.
Alfredo con Natalia Valenzuela y uno de los trajes que ha diseñado para Reinas del Carnaval. 
¿Se acuerdan del diseñador que hizo el vestido de florecitas de fomi en los Tv y Novelas? ¡Estaba aquí!
Y por último, querida Maía: ¡Así no!


Como conclusión porque ya nos estamos alargando demasiado, queremos dejar en claro (como ya lo hicimos) que no tenemos nada en contra de las nuevas iniciativas que se gesten en la ciudad. A lo que sí nos oponemos es a que este tipo de eventos se presenten como la panacea para los nuevos creadores que siempre buscan un espacio para mostrarse, porque no creo que a nadie le convenga vincular su nombre con un evento que dejó más críticas que aplausos. Si se piensa volver a hacer, debe replantearse de los pies a la cabeza, porque por querer abarcar mucho se quedaron solamente en intenciones.

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Por Melissa Zuleta Bandera.

Quiero empezar este post aclarando que Jen y yo apoyamos toda iniciativa que promueva la moda en Barranquilla, porque creemos que tales espacios hacen falta. Así que cuando escuché por primera vez que se realizaría un Barranquilla Fashion Week, casi brinqué de la felicidad.

Mucha gente pero muy poco espacio.

Sin embargo, con el pasar del tiempo y a medida que se acercaba la fecha del evento, nos sorprendió que no había un gran despliegue noticioso sobre el mismo ni campañas de expectativa. También el hecho de que había muy poca información en su sitio web: ni programación ni lista de los diseñadores que se presentarían en pasarela.

Poco antes del evento nos enteramos de que este era el lanzamiento de Barranquilla Fashion Week que se realizará en el segundo semestre 2013, una especie de abrebocas para mostrar un poco de lo que se verá el próximo año.

Cuando finalmente llegó el día, lo primero que me llamó la atención fue el lugar: los stands estaban dispuestos en los pasillos del centro comercial Gran Boulevard, que, por si no lo conocen, tiene corredores angostos. Por este motivo, era casi imposible detenerse a detallar la oferta por el poco espacio que había y la cantidad de gente pasando por ahí.


Cuando al fin pude empezar a ver realmente qué había en los stands, me alegró ver propuestas de ropa, marroquinería, calzado y accesorios de diseñadores locales, que es finalmente lo que se busca: darles un espacio para que muestren su talento.




Pero luego, a medida que fui caminando, empecé a ver varios stands de centros de estética, salones de belleza, muebles, cosméticos, hasta un centro de maternidad y un restaurante. ¿Qué tenían estas cosas que ver con Barranquilla Fashion Week?

En ese momento me pregunté si la moda no alcanzaba para llenar los stands, si no había suficientes diseñadores en Barranquilla. Luego me enteré de que el stand costaba 750.000 pesos, y la verdad es que no muchos creadores jóvenes tienen para pagarlo. Además, como me dijo un diseñador de bolsos al que le ofrecieron participar, ¿qué ganan con esa inversión en un evento nuevo y prácticamente desconocido?  “Aquí nadie viene a comprar”, me dijo.

Admito que eso es relativo, y estoy segura de que algunos de los participantes vendieron, pero hay que preguntarse si la inversión valió la pena, si se hicieron contactos útiles, se dieron a conocer o hubo ganancia económica suficiente.

La primera en mostrar su propuesta en pasarela (luego de un show de cabello de un salón de belleza…) fue Lina Ceball con su marroquinería: bolsos hermosísimos y bien hechos a los que se les veía la calidad en los materiales y elaboración.

Eso sí: no entendí por qué, al modelar accesorios y bolsos, casi todos los diseñadores insistieron en vestir a las modelos con unos sacos de tela negra sin forma que no las favorecían en absoluto. Es cierto que hay que dejar brillar los complementos, que es lo que se está mostrando, pero no tenían sentido esos vestidos tan feos.

Otros que tomaron la pasarela el primer día fueron Evelyn Daza, Retrochic para la Gobernación del Atlántico, Sena, Musetta Vitella (bolsos fantásticos y modelos mejor vestidas) y Belinda Pinedo.

Y luego, el horror: la pasarela de Angelíssima, la línea de cosméticos y cuidado de la piel de Omnilife. Yo no soy muy vieja, pero nunca en mi vida había visto a modelos tomar la pasarela para desfilar llevando brillos labiales y frascos de crema en las manos.

El segundo día la oferta en pasarela fue mejor. Orlando González mostró sus accesorios inspirados en el Carnaval.

Orlando González.

Giovanna Narducci, con pocas buenas modelos (común denominador en la mayoría de desfiles), mostró una mezcla de hippismo (flower power, tie dye) y Uli de Project Runway. Nada extraordinariamente bello.

Giovanna Narduci.

También tomaron la pasarela Darío Valencia (quien mostró una colección coherente con estampados interesantes), la ropa deportiva de Claudia Dacarett y los trajes de baño de Eileen Maestre (cuyas modelos no daban la talla en lo que respecta al cuerpo y caminaban hacia donde se les daba la gana).

Darío Valencia.

Las dos últimas pasarelas de la noche fueron a cargo de Claudia Sabogal y Giovanni López. La primera tuvo como siempre, grandes aciertos y grandes desaciertos, pero en general era coherente con su estética.


Claudia Sabogal.

Giovanni López por su parte fue un rotundo éxito, lo mejor de BQFW. Su colección tenía un punto de vista claro y hablaba de un hombre específico y bien definido. Mostró prendas que te hacen decir “yo sé quién es ese hombre, qué viste, qué le gusta hacer, qué música escucha”.


Estampados y gráficos interesantes en las camisetas y detalles de color en los forros de chaquetas y en la parte interior de los yines fueron consistentes a lo largo de su colección. Además, sus modelos masculinos eran mucho mejores que casi todas las mujeres que desfilaron los dos días.

Giovanni López.

Conclusión

En general, el nombre Barranquilla Fashion Week viene con unas expectativas y unas exigencias por parte de las personas que nos gusta la moda y la seguimos, que estamos pendientes de las semanas de la moda en otras partes del mundo.

Para nosotras, uno de los mayores errores que se cometieron en este evento fue el no aclarar, desde el principio, que este era un lanzamiento, una muestra de lo que vendrá.

La segunda gran falla, a nuestros ojos, fue que se vio como una colcha de retazos: una cantidad de cosas que no tienen que ver con moda como para “llenar espacios”.

Y la tercera, pero no por eso menos importante, es el afán de ponerle Fashion Week a todo evento sin una plena conciencia de lo que ese título representa. Siempre hemos sostenido (igual que muchas otras personas seguidoras y defensoras de la moda) que debe haber espacios para los nuevos talentos en otras oportunidades del año, pero una Semana de la Moda con propiedad le hace falta al país. Una que sea dos veces al año, que sea grande y agrupe buenas y bastantes propuestas. Lo de BQFW es un muy buen intento, pero debería pensarse más como un evento para mostrar moda y no una semana como tal (porque entre otras cosas solo fueron dos días).

Este post lo escribimos como una crítica constructiva para que las cosas se hagan mejor. Al ser este solo el lanzamiento de BQFW, en verdad deseamos que el próximo año el evento en sí se enfoque más en la moda, los diseñadores y sus propuestas, y que la organización y campaña de expectativa sean más efectivas.

Esperamos con ansias que llegue el segundo semestre de  2013 y que tengamos un BQFW como debe ser.